Begotten

2La película que hoy nos ocupa, conocida en España como Engendrado, y que presentamos como la recomendación de esta semana, ha adquirido cierta fama por un hecho significativo que pocas veces logra darse en el séptimo arte: se trata de una de las películas más desconcertantes de las últimas décadas. Un film que pretende hacer una reinterpretación del ciclo biológico de la vida, desde un punto de vista surrealista y… orgánico. Algo así como si cruzáramos algún documental tipo Koyaanisqatsi con la estética de Dalí. Relativamente difícil de conseguir, este metraje está grabado con muy poco presupuesto y aquellos que han visto alguna de sus imágenes, dicen que se trata de una obra completamente perturbadora.

Begotten es, para nosotros, un tipo de “glich” en el cine de terror. Por un lado, nos encontramos ante una obra completamente experimental de principios de los 90. Una obra elaborada por un artista conceptual, Edmund Elias Merhige, especializado en las creaciones audiovisuales, alejado del stablishment hollywoodiense y que no se trata de un director de cine al uso o, al menos, alguien dedicado a contar historias. Se trata de un artista especializado en la realización de instalaciones. Por otro, tenemos un producto que, de hecho, y siempre según aquellos afortunados que hemos podido verla, bien podría estar expuesto en una galería de arte moderno.

Pero vayamos por el principio. Antes que nada, la extraña historia con que el autor pretende hacernos una alegoría de, ni más ni menos, el génesis:

Un Dios que sangra profundamente mientras sufre convulsiones y se destripa como acto final. La Madre Tierra, que emerge de su cadáver, se cierne sobre él y es preñada con los restos del Dios. De esta consumación, nace un hombre en edad adulta – El Hijo de la Tierra -, que tiene violentas convulsiones. Madre Tierra le abandona a su suerte.

4La cinta no posee diálogos, ni sonido directo. Su banda sonora está compuesta por Evan Albam y basada únicamente en sonidos esporádicos como el trinar de los pájaros o el fluir del agua (y especial atención al constante sonido de los grillos). Como dijimos, nos encontramos ante un producto profundamente experimental y, dentro de esto, uno de los puntos más destacables de la película es su fotografía, completamente… singular , haciendo un uso del blanco y negro como pocas veces hemos podido ver, con un altísimo grado de saturación en el que prácticamente se consigue que la escala de grises lo domine todo, dando una sensación de organicidad que impregna todo el espectro visual. El autor se sirvió de una técnica que consiste en fotografiar repetidamente cada plano hasta conseguir este particular efecto monocromático. Cada fotograma es un auténtico reto de saturación, en la que el espectador acaba finalmente viendo más formas que definición, para acabar, al final, intuyendo la trama y no contemplándola como es habitual en el lenguaje cinematográfico.

La película, que se encuadra dentro del género del surrealismo -con todo lo que eso conlleva- , se desarrolla a través de únicamente dos secuencias de gran duración, y en las que podemos ver el trabajo al milímetro que Elias Merhige le dedicó (huelga decir que a parte de las tareas de dirección, el artista se encargó también del guión y la elaboradísima e innovadora fotografía), resaltando la escenografía, que prácticamente se constituye como el principal personaje del film, pese a contar con tres actores protagonistas y varios figurantes. Aún así, estos actores, desconocidos todos ellos, tuvieron que enfrentarse a duras escenas en las que una visión descarnada y explícta sobre la procreación se muestra a través de las difusas imágenes como un acto orgánico difícil de precisar.

3Estrenada en 1991, la obra pretendía ser el inicio de una trilogía que representara una alegoría sobre la evolución biológica, pero los problemas a la hora de encontrar financiación para un proyecto así han ido retrasando este ambicioso proyecto. En el 2006, no obstante, el director pudo hacer un cortometraje de 14 minutos de duración a modo de continuación, titulado Din of Celestial Birds, con la misma estética que su antecesora, emitida en la televisión estadounidense por la cadena TCM y que prosigue el desarrollo de ese personaje nacido del Dios y la Madre Tierra, el Hijo de la Tierra. Y de momento, seguimos esperando la prometida tercera parte.

No vamos a llevarnos a engaño. Esta obra, más que para valientes o simplemente seguidores del cine de terror, está indicada para el profundo amante del arte conceptual audiovisual, el surrealismo y la experimentación, y, estamos convencidos, cualquier ferviente asiduo a instalaciones de videoarte o galerías de arte moderno, que disfrutará de este producto con auténtica locura. Su fama posiblemente sea más por su increíble estética y la técnica que exhala cada fotograma que por sus valores meramente cinematográficos. También, encontrarnos con un trabajo tan diferente tanto en el concepto como en la técnica utilizada, le transfiere un toque de misterio que le aporta un atractivo especial. Su estilo narrativo (si es que a algo como esto se le puede achacar cualidades narrativas estrictamente hablando), que roza el trauma y la obsesión, sin duda le otorga un plus añadido para echarle un ojo e inspirarse en su arriesgada puesta en escena.

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FICHA TÉCNICA

Dirección: E. Elias Merhige

Producción: E. Elias Merhige

Guión: E. Elias Merhige

Fotografía: E. Elias Merhige

Música: Evan Albam

Intérpretes: Brian Salzberg, Donna Dempsey, Stephen Charles Barry

Año de producción: 1990 (estreno 1991)