El fantasma de la ópera

PosiblemeG._LEROUXnte sea uno de los mayores iconos pop que más influencia ha generado dentro de la cultura occidental.

Desde la publicación de la novela por Gastón Leroux en 1909, hemos visto cómo el tenebroso personaje se convertía en un referente del arte operístico, dando el salto a Broadway, en una de las encarnaciones más famosas que conocemos, de la mano del inefable Andrew Lloyd Webber (autor de musicales como Evita o Jesus Christ Superstar), y a la gran pantalla con la ya clásica versión de 1925, protagonizada por Lon Chaney, que le dio el carisma mítico al personaje, y escrita por el mismo Leroux.

La obra ha inspirado desde directores tan grandes como Dario Argento, Tin Tan, con su “Fantasma de la Opereta”, a películas como Stage Fright o Phantom of the Paradise, de Brian de Palma. Series como Los Simpsons, Twilight Zone, Buffy The Vampire Slayer o la serie animada de Batman, también han recogido la influencia de este personaje, en algunos casos para inspirarse en la ambientación, en algunos recogiendo el aire oscuro del protagonista, y en otros simplemente la vertiente más psicológica, caracterización del trauma y obsesión que representa.

El Fantasma de la Ópera es, posiblemente, junto a Drácula de Bram Stoker, una de las creaciones más influyentes en nuestra cultura, así como uno de los personajes más famosos con que contamos en el imaginario actual. Atado inherentemente a la imagen de París como trasfondo, la historia que nos cuenta se constituye como una de las obras de ficción más importantes de los tiempos actuales.

Sin embargo, ¿nos hallamos realmente ante una ficción?

Gastón Leroux aseguraba en entrevistas de la época que todo lo que se narraba en su novela, incluyendo al protagonista principal, existieron de verdad. Y, aunque en principio parece completamente improbable que uno de los mejores cantantes de la ópera corriera la dramática suerte que acontece a este personaje, quedando desfigurado, en el olvido y que decidiera habitar en un truculento lago subterráneo bajo la Ópera de París, utilizando, además, los laberínticos pasadizos para atormentar a los artistas que se atrevían a subir al escenario, la idea de la veracidad de la historia corrió por las calles parisinas tanto como la fama de la obra.

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Aún así, varios detalles podrían indicarnos que esta enrevesada historia podría no ser tan inventada.

Uno de los puntos más importantes que habría que resaltar se trata de la existencia de un lago subterráneo debajo de la famosa ópera de la Ciudad de la Luz. En este caso, no nos hallamos ante una ficción. Debajo del increíble edificio de la era Haussmann, se halla un conjunto de albercas gigante con el que el arquitecto de la ampulosa obra, Charles Garnier, intentó dar solución a un problema mayúsculo sobrevenido al descubrir que parte del río Sena discurría justo por debajo del enclave destinado al auditorio. Garnier optó por crear un amplio sistema de piscinas y cisternas para poder controlar el caudal que manaba del río, y que acabaron, a la postre, creando un enorme lago artificial que permaneció debajo del complejo, y en el que incluso podía encontrarse peces y demás fauna habitando en el mismo.

Por otro lado, este masivo edificio, cuenta realmente con un entramado de cientos de túneles ocultos que pretendían dar servicio a las representaciones que iban a ser escenificadas en el teatro operístico, facilitando la entrada y salida de cantantes, actores, extras o ayudantes. Es sabido que el complejo llegó a tener 1942 llaves para poder acceder a todas sus estancias, incluso se llegaron a encontrar varios túneles que daban al exterior, en los cuales, en no pocas ocasiones, se descubrió a personas habitando, resguardándose del frío parisino.

Al finalizar su construcción, uno de los muchos arquitectos que ayudaron a la consecución de la obra, solicitó vivir en uno de estos túneles, capricho el cual le fue concedido pero que, tras mudarse a este tenebroso lugar, desapareció sin dejar rastro. El apellido del arquitecto no era otro que Erik, el nombre que se le atribuye justamente a El Fantasma de la Ópera.

Las casualidades entre la obra y la realidad no terminan aquí. En el libro, la protagonista de la historia es Christine Daaé, una joven cantante con una voz portentosa, ojos azules, rubia, sueca, de familia humilde y nos recuerda poderosamente a la cantante Christine Nilsson que existió en la vida real. La única -y crucial- diferencia con el personaje de ficción, es que Nilsson, cuando tuvo la oportunidad de cantar en el auditorio parisino, declinó la oferta a última hora.

Más allá de esto, nos encontramos ante dos de las coincidencias más impactantes que se dan entre novela y realidad. Por un lado, una serie de grabaciones guardadas en una habitación sellada a gran profundidad y con más de 100 años de antigüedad, en las cuales se puede escuchar a los mejores cantantes de la época, y cuya autoría venía atribuida en la novela al personaje protagónico. No obstante, la existencia de dichos discos era de sobras conocida por los encargados de la ópera, así como de la decisión de guardarlos bajo instrucciones precisas de no abrirse antes de 100 años, es decir, en el 2007, y no existía ningún misterio tras este hecho más allá del interés cultural por conocer de primera mano las voces de los cantantes de principios del siglo XX.

CHANEYLa última y más escalofriante coincidencia se centra en el que puede ser el momento más famoso de la novela y adaptaciones posteriores: la caída de la enorme araña acristalada que servía para dar luz a la estancia y que ocurre durante el clímax final de la obra. El 21 de mayo de 1896, efectivamente, ocurre un accidente similar causado por la caída de dicha enorme araña de cristal sobre el público que asistía a la representación, sin embargo, el acontecimiento no llegó a matar a un elevado número de personas, al contrario que en la historia de Leroux, y, de hecho, solo se da una muerte, la de una mujer que, circunstancialmente, era la primera vez que asistía a una ópera. La araña, por otro lado, no era tan colosal como la que se describe en la novela, un elemento esencial de la trama, sino mucho más pequeña y más adecuada para sostenerse sobre la platea.

Tal número de coincidencias, sumadas a las confesiones del propio autor que prácticamente rechazaba su autoría sobre la obra y se destacaba como un redactor de hechos reales, han dejado a lo largo de la historia dudas en no pocos fans tanto de la obra como de los misterios en este mundo gótico y oscuro que han contribuido a crear un aura de misticismo y misterio a la historia misma que relata, haciéndola única en su esencia y convirtiéndola en un referente al que siempre hay que tener en cuenta a la hora acercarse a un género oscuro, trágico y obsesivo. Incluso los autores de Batman the animated series, como hemos dicho, lo han tenido en cuenta.