Escuchad nuestra historia…

Durante los años 30s y 40s Los Ángeles eran una ciudad vibrante, llena de vida en pleno apogeo. En 1934 Olivia Farmer llegó a la la ciudad desde Celina, Texas. Una chica humilde con grandes sueños, como muchas chicas en ese momento, quería ser una estrella. Su sueño era trabajar en un estudio como actriz. Guapa sin ser espectacular, morena teñida de rubio, nunca logró hacer más que algunas pequeñas escenas de figurante. No destacaba precisamente, de entre la multitud de chicas que buscaban lo mismo.

Olivia no se rindió, aún así, su éxito fue relativo, y nada tenía que ver con su carrera como actriz. En 1936 trabajando en un pequeño documental conoce al que será su amigo de por vida, Jacques Tourner.

Parece ser que, mientras rodaban el pequeño documental “The Ship that died” Olivia, harta de malos papeles y conversaciones ridículas reescribió su propio diálogo. Resultó ser infinitamente mejor que el guión original, así que Tourner le pidió arreglar el guión completo.

Pronto Jacques Tourner la convenció para que siguiera escribiendo. No pasó mucho tiempo antes de que escribiera algunos episodios para radionovelas, pero lo que la llevó al éxito fueron todos los cortos animados que le llovían como ofertas.

Poco después empezaron a llegar pequeñas oportunidades gracias a la productora RKO, en donde escribió un número de series animados que se proyectaban como matinés delante de largometrajes.

Fue en estos proyectos donde conoció a su futuro marido Fred Price. Un joven actor que hacía de galán en películas para adolescentes, además de como doblador de alguna que otra caricatura. En menos de un año estaban casados.

El joven Fred nunca fue un buen marido, infiel casi desde el principio, trasnochador y jugador, era un problema para la RKO. Se veía continuamente en vuelto en problemas con el estudio. Sin embargo, Fred no sólo era guapo, sino que sabía cómo llamar la atención y poco a poco empezó a ganar nombre y fama. La RKO prefería aguantarlo para atraer al público juvenil antes de romper su contrato.

La pareja empezó a tener una vida bastante buena, pero estaban encasillados, Fred en la serie B y Olivia no podía abandonar los cortos animados que detestaba. Aun así, eso les permitió mudarse a una pequeña casa a las afueras de Los Ángeles, con jardín, cuatro habitaciones y pocos vecinos alrededor. La fachada era de familia ideal pero la relación sólo hizo que ir a peor. Fría y distante.

En la época estaba sumamente mal visto el divorcio o cualquier tipo de separación, así que Olivia se centraba en su trabajo. De pronto empezó a tener problemas para conciliar el sueño, ella lo achacaba al estrés que le causaba la situación y al exceso de trabajo.

La pareja tuvo dos hijos, el primero Fred Jr y el segundo Charlie. Intentos desesperados de mejorar el matrimonio.

Olivia intentó con todas sus fuerzas poder escribir algo más. Sin embargo, las mujeres de la época no tenían tantas posibilidades.

En casa todo parecía ir bien ignorando los continuos engaños de Fred. Mientras, la escritura de Olivia iba haciéndose más oscura, de hecho le comentó a su amigo Jacques Tourner que a pesar de estar escribiendo sin parar, esas horribles caricaturas no dejaban de atormentarla, en sus sueños, cada vez que cerraba sus ojos no dejaba de ver las mismas caricaturas, los mismos personajes y uno en particular al que ella llamaba simplemente Él.

La vida de Olivia dió un giro inesperado el 30 de octubre de 1944, preparando la noche de Halloween, Olivia con sus mil problemas para dormir cae rendida del cansancio preparando dulces y tartas para la noche de brujas. Al despertar el joven Charlie no está. Olivia lo busca durante horas.

Después de casi una semana de búsqueda, acaban encontrando el cadáver del pequeño Charlie a las afueras de Los Ángeles, a más de 10 km lejos de su casa, ahogado en una charca de no más de 5 cm. Sin ninguna herida o muestra de violencia, vestido de la misma manera con la que Olivia lo vistió el día que desapareció, y sin una sola mancha o tirón en la ropa.